Blog del Narco
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"CALDERONI" el POLICIA MULTIMILLONARIO,el JEFE NARCO y ASESINO...un subproducto de la impunidad de los estratos del gobierno.

- marzo 11, 2018
Guillermo Calderoni era un policía mexicano, un asesino, un capo del narco, un multimillonario. Él ascendió al poder por saber olvidar y por supuesto, por saber cuando recordar. Cuando fue asesinado en febrero del 2003, la cuestión era no quienes lo mataron, era ¿qué pasó con sus secretos ?.

Escuchar el silencio,Buganvillas de goteo rojo en la zona de aparcamiento justo al lado de la calle 10 en McAllen, Texas. El día era cálido, con poco viento, son las 10:53 y el Comandante Guillermo González Calderoni ha estado en la oficina de su abogado Roberto Yzaguirre en la calle 10 en Mc Allen Texas por casi una hora, hablando desesperadamente quiere comprar un rancho , el Chato Yzaguirre le calma, le dice que no, que no pueden mirar la propiedad ese día, pero le propone el siguiente sábado si asi lo desea,Calderoni acepta esperar a regañadientes, pues está ansioso por ese rancho, aunque tenía muchos ranchos en México antes de que huyera diez años antes y el gobierno lo atrapara en septiembre de 1994.

Plática de narcos grabada por el FBI, revela nexos de González Calderoni

Esa mañana dejo la comunidad cerrada donde vivia con su joven y hermosa esposa para tratar lo concerniente al rancho una de sus pasiónes y terminada la reunión se retira por el vestíbulo de la oficina de Yzaguirre con muros de piedra y muebles de caoba y cuero verde, se despide con voz grave después de ligar con la recepcionista. 

Calderoni es un pavo real de hombre, su vestimenta mostraba telas finas y botas hechas a mano, rápido de ojos hablaba con fluidez el Inglés, español y francés, tenia un buen ojo para las mujeres — su segunda esposa fue una reina de belleza, y las leyendas dicen siempre cargaba una.45 en la bota, un arma que se dice tenia desde sus inicios.

Al salir de la oficina de Izaguirre camina a pasos lentos al exterior donde dejo aparcado su lujoso Mercedes,Calderoni se desliza detrás del volante;el Chato se sienta al lado de él y luego del ruido de frenado de un coche ; un hombre salta desde el lado del pasajero, toma dos o tres pasos y dispara un tiro en el cuello del Comandante,el coche ruge lejos, y la cabeza del Comandante se deshace. Él será declarado muerto en un hospital en más de una hora.

Sólo el Chato fue testigo del asesinato. Él se sienta al lado de Calderoni en el coche, pero nadie le causa daño. Al principio da a la policía una descripción: dos hombres de piel oscura, en un Chrysler con placas de Louisiana. Más tarde la policía arroja dudas sobre su historia, pero dice que es demasiado molesto recordar lo que ha visto. Al día siguiente, se encuentra al Chrysler a una milla de distancia. Las placas resultan ser de un auto robado. En la ventana una etiqueta de la Cruz Roja Mexicana. 

LA HISTORIA NEGRA de CALDERONI.

Guillermo González Calderoni fue uno de los jefes policiales más poderosos, inteligentes y sinvergüenzas del sexenio del presidente Carlos Salinas de Gortari (1988-1994). 

México y Estados Unidos investigan la muerte y andanzas del ex funcionario que amasó millones protegiendo o combatiendo el narcotráfico, fue tenorio a golpe de talón y dispuso de información letal. El epitafio es obligado en difuntos de su condición: "Sabía demasiado". Varios de sus subordinados también crían malvas. 

La historia del ex comandante González Calderoni, responsable en su día de la interceptación de alijos en la Procuraduría General de la República (PGR, Fiscalía General), refleja aspectos relevantes de la corrupción en las instituciones mexicanas. Acusado de enriquecimiento ilícito y torturas la década de 1990, ganó un juicio de extradición y vivía desde hace casi diez años en McAllen antes de su ejecución,una ciudad vecina de la mexicana Reynosa.

Se le vinculó con los carteles del Golfo y de los hermanos Arellano Félix, y el contrabando a gran escala. "Tenía mucho que decir sobre el narcotráfico", señaló el analista en asuntos de seguridad Jorge Carrasco. La DEA lo exprimió a fondo. Guillermo González se incorporó en el año 1983 a la Procuraduría General de la República (PGR, Fiscalía General), en la que siete años después fue director de Intercepción Aérea, Terrestre y Marítima: el zorro en el gallinero. 

Adquirió notoriedad y épica al detener uno de los más peligrosos narcotraficantes del país, Miguel Ángel Félix Gallardo, a varios comandantes y al ex director de la Interpol, Jorge Miguel Aldana Ibarra. Perseguía a unos carteles y amparaba a otros. 

Su tren de vida y la sangre vertida acabaron por delatarle. Avisado de que la justicia iba a detenerle, huyó a Estados Unidos. En el año 2001 propuso hablar largo y tendido si la justicia mexicana le protegía. De entrada, incriminó a Raúl Salinas de Gortari con Juan García Abrego, ex jefe del cartel del Golfo, actualmente en prisión. 

El hermano del presidente, declaró por televisión, le ordenó asesinar en 1988 a dos colaboradores de Cuauhtémoc Cárdenas, candidato presidencial aquel año. Nunca presentó pruebas. La opinión pública no las necesitaba porque la presunción de culpabilidad es aún punto de partida y veredicto en México. 

El finado era un tipo duro. Bajó la guardia y la mafia no perdonó. González había incriminado, encarcelado y liberado a conveniencia. Su fortuna en bancos norteamericanos ascendía a cuatro millones de dólares, pero otros cálculos la multiplicaron hasta cerca de 400 millones de dólares. 

Los posibles asesinos son muchos: desde sectores estadounidenses a los que ya no servía hasta grupos narcotraficantes en la divisoria con Estados Unidos, según Jorge Fernández Menéndez, autor de varios libros sobre el narcotráfico en México. "Traicionó a demasiada gente, a demasiados intereses, y en ese ámbito terrible del narcotráfico y el crimen organizado, en sus relaciones con el poder, eso se paga, tarde o temprano, y se paga muy caro", señaló. 

A González Calderoni le perdieron las cosas caras. Su sueldo era alto pero no daba para casonas, lujosos coches, relojes de oro, trajes italianos, viajes de placer y periódicas farras de champán y meretrices. Las joyas, las pieles, los automóviles y hasta algún apartamento sepultaron a las mujeres cortejadas, y otros dinerales forjaron su red de complicidades en la Administración. 

Tenía orejas donde había que tenerlas. Supo anticipadamente de nombramientos, detenciones y sentencias y las vendió a doblón. "Todos en la PGR sabían que actuaba generosamente con otros comandantes, lo mismo que con los agentes del ministerio público (fiscales), jueces y funcionarios judiciales que lo tenían en alta estima", escribió Humberto Musacchio en el diario Reforma. 

La información privilegiada le permitió alertar, impedir, posponer y, en suma, burlar a la ley. Cayó abatido a quemarropa, sorprendido por un pistolero que le acertó en la sien, después de haberse interesado en un turbio despacho de abogados por la compra de un rancho.
 

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